Miguel Maldonado, este gitano de puro y rancio abolengo solía hacer una especie de rito de su propia vida. Comedido, cauto, largo en la apreciación y con una gran capacidad para captar rápidamente el aprecio de los demás. Era atento, educado y muy dado a las buenas formas. Así era en su vida privada; así era también en su vida pública, pues su ocupación habitual de vendedor de loterías le hacía estar de forma continuada en contacto directo con la gente, llevando a todos algo así como el destello de su fuerza y de aquella indudable vitalidad que le caracterizaba. Por otra parte, era, podríamos decir, casi imprescindible en nuestra Málaga contemporánea, donde su proverbial simpatía le hace acreedor al aprecio y a la estimación de todos. Y así por todas partes con un buen número de amigos, a los que se dedicaba, siempre sus mejores palabras, juntamente con aquel sello especial que solía imprimir a su verbo, enormemente rico y lleno de matices.

Foto y reseña de: PACO ROJI