“Se llamaba Rafael Fernández Alcoleda y era más conocido por Rafael “El Arrojaíto”.

En su juventud llegó a ser torero y en su madurez muchas cosas más, pero ninguna le cuajó, dedicándose en su vejez a vendedor ambulante. Traficaba con muebles, cuadros -algunos de mucha valía y de buenos pintores- y solía pregonar comenzando siempre con estas palabras: “¡Gloria y orgullo…!” de esto o de lo otro.
A veces hacía propaganda, por ejemplo, de un café con: “Gloria y orgullo de la cafetería malagueña. Por dos pesetas desayuno, con chocolate y churros”. Y en otras ocasiones voceaba: “Gloria y orgullo del pescaíto de Málaga, con boquerones y chanquetes a dos reales el cartucho”

Y así recorría las principales calles de la ciudad, sin afeitar, una colilla de cigarro puro en la mano, sombrero puesto y un cuadro que bien pudiera ser del famoso Denis como del no menos célebre Talavera con algún paisaje o personaje de nuestra tierra.
Iba caminando con alegre paso y cuando perdía el compás, solía meterse en un portal y luego salía para volver a sostener el ritmo que había emprendido.

Era un tipo popular que era bien visto y nunca se metió con nadie. La falta de recursos y el mal vivir lo derrotaron y murió en mal estado, echándose mucho en falta en el convivir diario de los malagueños.”


FERNANDO GONZÁLEZ MART

“¡Yo que fui banderillero
y alterné con los toreros
de más fuste y bizarría
y que fui gloria y orgullo
de la brava torería!
porque las plazas llenaba
cuando el cartel anunciaba
que venia “ El Arroiaito»
con Fuentes, o Cocherito,
o con Pepe “el de la Algaba»:
Que hice que la afición
llorase con emoción
y con llanto inconsolable
un día en la Malagueta,
cuando un guardia con el sable
me seccionó la coleta.

¡Ya se acabaron mis glorias
y no queda ni memoria
de aquel tiempo tan lucido!
Pues me veo recluido
en modesta habitación,
tendido sobre un jergón,
por encontrarme impedido,
sin voz para pregonar,
y sin poderme mover,
y sin tener que comer
ni otra cosa que esperar
que vénganme a socorrer
y consolar mi aflicción,
don Pascual Taillefer,
o bien, don Ricardo Ron
(que me trajo un pan de higos)
o algún otro buen amigo
de los de gran corazón;

Pero, entre tanto dolor
y tantas calamidades,
aún me quedan facultades;
para pedir al Señor
que pase las Navidades
con felicidad y amor.
Y que coma mantecados,
rosquetes, pavo trufado,
chorizos de Cantimpalos,
y que no se ponga malo,
ni que coja un entripado.
Y cuando se encuentre ahíto
de tanta satisfacción,
recuerde que un jergón
padece “El Arrojaito’
de crónica inanición.”

RICARDO RON
Foto: ADE
Oleo: Pablo García Rizo
via José Mora Fernández