El manco o «El manquito», por ser un poco más bajo que nuestra catedral, podría venir de familia de aguadores porque, según se decía, siempre llevaba dos cubas: una de agua sobre los hombros, y otra de vino en el estómago. Vivió en la primera mitad del XX y era un pobre beodo, cuyas borracheras con mítines políticos, fueron sonadas. Dicen que perdió el brazo al subirse a un poste y agarrar un cable de alta tensión del que salió disparado y si no con menos, si con las luces cambiadas. Su electricidad y descargas estaban presentes por las calles malagueñas.
Via: Ana María Espinar Casajú
lustración: Ángel Idígoras
Foto: Salvi Laporte
